Hace días atrás, la rosa mas querida de mi desierto, se cansó y no quiso que los rayos del sol, la siguieran alumbrando, en su andar por el largo tiempo, fue fatigándose, hasta caer desplomada en las arenas de su áspera vida.-
Fue para mi, un instante, si bien dolorido, pero de un momento sublime, de poder encantarme durante tanto tiempo con su amor, con sus consejos, con su picara mirada y sus dichos tan oportunos.-
Gallega de nacimiento, vino a las Américas conmigo a cuestas, en busca de una vida más opulenta al lado de su marido, dejando atrás fisonomías de guerra y años de abnegación por las secuelas dejadas por un país, desvastado por los sucesos.-
Luchó al lado de mi padre, dándome una educación a base de múltiples tareas tan decentes como delicadas, para poder acarrear el soporte a casa y así terminar mis estudios de la mejor forma.-
La vida quiso, que esta rosa, fuera deshojándose de apoco, hasta quedar con el aroma de la sabiduría, esa enciclopedia abierta, de la cual partimos aprendiendo a utilizarla, a medida que los años avanzan en el lapso de nuestros destinos.-
Solo resta decir, que me siento muy orgulloso de haber tenido una madre, durante todo este tiempo. Que luego de sesenta y cuatro años junto a ella, me llevo lo mejor que me ha brindado de su corazón y el deseo de que en su otra vida, disfrute de su reinado, como ella lo había soñado en la tierra que la vio nacer.-
Gracias mamá... serás esa rosa viva, que con tu singular perfume, estarás siempre a mi lado, alumbrando el camino.-

