Nuestros cuerpos, están retados, desnudos y en absoluto
silencio, mirándose el uno al otro, como si fuera la primera vez. El deseo es
tan real que no precisamos ni tocarnos. El fuego esta a punto de estallar y el
deseo de cada aliento, se lanzan como dardos en mezcla de pasión y resplandor.
Los cuerpos toman contactos colisionando nuestras partes y bocas ardientes se pegaron con frenesí. Nuestras manos, acarician todas las ondulaciones;
se podía estar así por toda la noche, mientras nuestros labios van besando
lugares nunca antes agasajadas y esto podría consumarse incontables veces,
acompañada de una respiración apresurada pero sin dejar que el fuego del deseo,
se apague.-
Con recelo y los ojos medio abiertos, mi brazo se extiende hacia tu lado de la cama… recorro las confines de tu carne… el sudor dejó moldeada
tu silueta entre las sábanas. Permanece en el aire la esencia de tu sexo y mis sentidos
vuelven a cerrarse buscando los instantes privativos de la noche, donde el olor
silvestre de tu entidad inundaba mis contenidas ansiedades… Y no es la primera
vez que nos pasa… cuando salen tus sudores estimulados, se disponen a quedarse
varios días, dando certeza a que se han derretido en lo más profundo de nuestros cuerpos.-
La habitación vuelve al silencio, nuestras miradas se tropiezan para sonreír, no hay dos vidas
que se deseen quererse más. Nos besamos mansamente, usurpando los sabores que
quedan por conquistar. Nuestras almas se miran en silencio durante un tiempo y
los párpados se cierran lentamente recordando los pasajes vividos,donde el calor de las cenizas dan por finalizado el deseo devorador de dos seres que de nuevo... lo intentaran.-


