Todavía tengo presente en mi mente, la figura de mi madre, pues en este mes cumpliría 85 años y como dije en la entrada anterior, estoy remozando su casa y encuentro entre los recuerdos, una foto de cuando ella y mi padre cumplieron sus bodas de oro.-
Hace ya varios años, que han pasado de aquella feliz velada, donde los vi, repletos de ilusión y con unas ganas de ofrecer toda su sapiencia, a los demás.-
Una reunión muy sencilla en mi apartamento, fue el pretexto para celebrar tan ansiado aniversario. Con mesa de mantel blanco, flores recogidas del campo y un aire nutritivo que se posaba sobre nuestros cuerpos; le entregué el regalo, símbolo de esos años tan maravillosos de hallarse juntos y poner apetitos en cada día, para que yo, asumiera un papel acorde a sus enseñanzas.-
El obsequio, consistió en un plato de loza inglesa; en su centro lucían una flores azules llamadas “no me olvides”, bordeando la parte superior, sus nombre Antonio y Antonia, al pie del mismo, la frase “algo maravilloso aconteció”.-
Claro que sí, aconteció algo, que fue el fruto del amor y la resistencia a todo los años transcurridos. Abuelos encantadores, que supieron disfrutar de sus nietos en cada momento dándoles el cariño y el amparo que necesitaran.-
Ellos se marcharon de su pueblo, allá por Galicia; para ser algo en una nueva tierra, para comenzar de nuevo.-
Quisiera expresar con palabras, pero letras no encuentro; quiero decir tantas cosas que me salen de mis adentros; quiero leerles versos, que rodean en mis sentimientos y quisiera cantarles, pero como voz no tengo, le digo al mundo entero...lo mucho que los quiero.-
Tal vez ese día, fue la ultima vez que recuerda mi mente, todo el pasaje desde mi niñez, de mi adolescencia, de mi vida como padre, de mi vida como empresario, ese día fue mi ultima imagen, para llevarlos en lo mas profundo de mi corazón.-
Agradezco aquel instante, de ser partícipe de inolvidable momento, donde champagne burbujeante, lograba con sus chispeantes pompas, salpicarnos en bendiciones.-


