Ayer fue la exquisitez, de embriagante aroma, de páginas al
viento, brindando placeres a raudales. De caricias tiernas en curvas y dulces
redondeces, sacudiendo emociones, figurando oraciones completas en figuras de pasaje,
sintiendo los besos y los abrazos en mi cuerpo. Ruta del destino que labró mi
presencia, en un resorte de arquitectura cubierta en vivencias, genuina y fiel.
Conducto arado en la memoria, donde se sembraron verdades que florecen en la
huerta de los deseos, surcando los atajos y los misterios de la vida. Su
cuerpo, cultivado entre jardines, cruzó los parajes en amplio y diminuto
misterio, como puente al otro lado del abismo. Cuantas veces he navegado por su
interior, buscando los siete mares, acariciándola con mi propia mano, como el
jardinero adula cada una de sus flores. Por dentro y por fuera la conocí, tramo
a tramo, como una lección de geografía, con manos de cirujano, con oficio de
artesano. Tal vez soy, el que mas conocí sus secretos misteriosos, olorosos, inquietantes,
generosos como el buen vino que reposa en su primavera. Vi su silueta, posándose
grácil y voluptuosa, excitando mis sentidos, causando distintos delirios, en manantiales
de poesía.-
Hoy... todo eso, me lo traje conmigo. Me traje, el movimiento
de su boca, la armonía artística y olorosa cual sumerio; la perfección de su
figura, con embeleso jadeante de cada luz, dibujando sus formas omnipotentes.
Me traje el mas hermoso color de sus ojos; senderos de sonrisas; lagrimas de amor
deslizándose por su anatomía desnuda, como ríos vertiendo hacia el mar. Me
traje la alegría de su sonrisa; el rubor de sus mejillas; culminando feliz, el
bello instante de aquella salvaje sensación que chamuscaba los bálsamos de un
amor incitado por la existencia.-
Thony Caro


