Este fin de semana, fui a presenciar una obra emblemática por excelencia del gran teatro, que es el ballet; la obra GISELLE. Estrenada en 1841 y luego de 169 años, me maravillé con una de las puestas en escena más extraordinaria de los últimos tiempos. El gran Auditorio Adela Reta de la ciudad de Montevideo, bajo la dirección artística del gran Julio Bocca, la coreografía de la no menos famosa y uruguaya Sara Nieto, junto al gran maestro orquestal de la OSSODRE, Fernando Condon, la historia maravillosa en dos actos creada por Jules Perrot y Jean Coralli.-
El flamante Auditorio, en todo su esplendor, abrió sus puertas, transformándose en una de las salas más agraciada de la ciudad y presenciar una historia de amor en expresión de ballet, satisfacción para la vista y los oídos. Con los acordes de las primeras notas de la introducción, se levanta el telón y una magnífica decoración, asiste a mi memoria, los períodos en que mi hija Laura a sus 8 años, comenzó los estudios en el Teatro Ateneo, en la escuela de danza ORLAMA, bajo la dirección de la profesora Laura Massironi, realizando sus trabajos con una gran fiesta de clausura en el Teatro Solís, destacando así, año tras año, la secuencia del aprendizaje.-
La bella María Ricceto, que encarna al personaje central, uruguaya, nacida en Montevideo, también comenzó a esa edad en el cuerpo de Baile del Sodre. Su desplazamiento en escena, una verdadera joyita, arrancando aplausos, que hicieron estremecer el recinto. De una gran frescura en sus desplazamientos, va dejando estelas de encanto en todos los pasos que realiza. Hoy es una digna representante de nuestro país, en el American Ballet Theatre, que junto al no menos famoso Marcelo Gomes, extraordinario bailarín, nacido en Manaos, Brasil, demostrando sus cualidades perfectas al lado de la genial Ricceto.-
Hacía mucho tiempo, que mis ojos no se bañaban en agua de rosas con tan bello espectáculo, he vivido instantes únicos, valorando un arte valioso, con un teatro colmado de publico, donde en cada bajada y subida de telón, la copla de alabanzas se repitió por un lapso de diez minutos; la multitud de pié, ovacionaba continuamente los saludos de los protagonistas por su esplendida entrega; nosotros, satisfechos de premiarles con el galardón del aplauso.-
Bellísimo instante de mi vida, escoltado por mi rosa del desierto, volví a fantasear con lo más sublime del entretenimiento, esa mezcla perfecta de la danza con la música. La alegría de hallarme con un espectáculo grandioso, a la altura de los dominantes que se realizan en otras ciudades del mundo; un verdadero orgullo para el Uruguay. Invoqué... a requerirme espacios y más tiempo para regocijarme con estas ofrendas, para el mejor recuerdo.-