Hoy les quiero hablar de un acontecimiento, que me ha
sorprendido y halagado. Hoy es para mí, un vuelo al pasado con proyección de un
futuro olvidado. Hoy ha vuelto de sus cenizas, como el ave Fénix, para quedarse
entre nosotros y ser orgullo de un gran barrio montevideano, me estoy
refiriendo al Cerrito de la
Victoria , con la inauguración de su viejo cine “ Grand Prix”.-
Hoy vuelve aquel Cinema Paradiso, donde tiempos atrás con el
nombre de cine Roma, ubicado en el colegio Misericordista, en cual hice mis
estudios primarios y terciarios, con matinés sabatinas y dominicales, donde existía el acomodador con su bandeja llena caramelos
de dulce de leche y alfajores.-
El señor Enzo, propietario del mismo y su hijo, tuvieron la brillante
idea de edificar una sala moderna, dando origen al Gran Prix. Luego los
avatares de la vida moderna, poco a poco la magia del cine de barrio se fue
perdiendo, hasta desembocar en grandes centros comerciales de pequeñas salas, exhibiendo paquetes de películas
para todo gusto de cinéfilos con proyecciones y acústica increíbles, que hacen
que el espectador este metido en la pantalla.-
Hoy un señor llamado Martín Daián, impulsor y emprendedor de
esta ilusión, se hace realidad. Dicho señor, cinéfilo por excelencia puso todos
sus ahorros para recuperar una sala cultural que estaba cerrada desde 1979.
Viviendo en el exterior, volvió al país con la idea de invertir más de 450.000 dólares
en esta estupenda idea, inspirado en películas como Cinema Paradiso.-
Su inauguración se vio engalanada con la presencia de
porteros con uniformes en azul marino, botones dorados y sombrero. También
pasearon por sus pasillos de 800 butacas, chicas con vestimenta retro, portando
bandejas de golosinas. Ubicado en ese barrio emblemático de la historia
uruguaya, en las intersecciones de las calles Granaderos y San Martín, abrió
sus puertas y a todo confort, con dos grandes películas en estas vacaciones de
invierno “La era de hielo 4”
y “Madagascar 3” .-
La idea dice Martín: “era revivir el cine de barrio,
volviendo a las matinés, no sólo para que lo disfrute la gente cercana a él,
sino todos los montevideanos”. De aspecto sencillo y culto, recuerda que su
pasión por la pantalla grande, se despertó de niño, cuando sus padres y abuelos
lo llevaban al cine Trocadero, sala que ya no forma parte de la recreación
montevideana. “Siempre me fascinó ir allí, así como recorrer la feria Tristán
Narvaja en busca de objetos o publicaciones vinculadas al cine”, confiesa que
cada vez que se topa en la calle con una volqueta o caja de cartón, hurga
dentro por si encuentra algo novedoso.-
Bienvenido Grand Prix...Bienvenidos al gran espectáculo del cine.-



