Sus relatos, recordando a su juventud, me habla de su Galicia, su pueblo natal,del viento del norte, de los verdes prados, de las altas montañas, de los " airiños da sua terra ", que expresa con una "saudade" contagiosa.-
Junto a ella, otras " cabecitas inclinadas " , tienen nombre propio o sobrenombres tildados por ellos mismos; está María, doña Rosa, don Roberto, el ingeniero, la nona, la de saco largo, el señor del baston de tres patas, la que camina sin cesar, la que grita, el que duerme siempre, la que te dá un beso cada vez que te ve, la que te dice "hola, cómo estás ?"; todos esos nombres, tienen un mundo acuestas por el tragín y darlo todo por los demás y en algunos casos sin siquiera recibir una gratitud. Son personas que viven tratando de pedir una explicación a ésta situación; esas cabecitas que maquinan constantemente, sin poder descifrar sus sentimientos.-
Pensar que una vez fueron primavera, como hojas adheridas al inmenso árbol de la vida, dónde crecieron fuertes, amplias y firmes; en cada amanecer, sus brotes pequeños se afirmaban cada vez más al soporte más grande, para llegar a la cima de la copa, para rodearse de otras hojas, diferentes entre sí, en mayor o menor cantidad de dias, creciendo juntas, habían aprendido a bailar con el viento, calentarse bajo el sol del verano y lavarse en las lluvias refrescantes de la ilusión.-
Mi madre, esa hojita acompañada de numerosas más, la rodeaban con variados matices.El árbol, tenía firme sus raíces bajo una tierra generosa, hablaba del canto de los pájaros, cuando se posaban en sus enormes ramas; hojas que eran amigas, dónde a veces el viento las empujaba de aquí para allá; los rayos del sol le daban calor y las nubes las cubrian con sus sombras blancas.-
Una y otra estación, fueron pasando a lo largo de sus vidas, había una razón de existir, de hacer las cosas agradables. La noche se esfumó, todas las hojas tiritaban, nunca había hecho tanto frío, estaban cubiertas con una delgada capa de nieve, la cual se fué derritiendo suavemente con el tibio calor del día siguiente, para transformarse en rocío. Todo ése parque de vida, adornado de llamativos colores, unos amarillentos, unos naranja, unos rojos, unos púrpura, unos dorado, unos azul y algunos tadavía verdes... un arco iris.-
Cada cabecita, diferente una de la otra, han tenido sus experiencias,han mirado el sol, han dado sombra, han rociado con su cariño a amigos y descendientes.-
Un día sucedió algo extraño, la brisa soplo más de lo costumbre y las hojas fueron arrancadas de sus tallos, algunas se quebraron, cayendo de sus ramas, balanciándose hasta posarse blandamente sobre el suelo.-
¿ Qué está sucediendo ?
Primero cumplimos nuestra tarea, sentimos el sol, la luna, el viento, la lluvia, aprendemos a bailar , a reír y... luego qué ?. Algunas hojas, resisten a los golpes, mientras otras van cayendo. Todos tememos a algo, sin embargo no pasa eso con la primavera que se convierte en verano, tenemos incertidumbre cuando llega el otoño de la vida, tenemos preguntas para esos casos naturales, dónde somos parte de ella; somos sol y luna, por momentos felices, juntos damos sombra a los niños y a los ancianos.-
Mi madre, esa hoja que me cobijo durante muchas estaciones, cayó sin esfuerzo, sonriendo apaciblemente, ella era la única, que me parecía no se iba a desprender de la rama; mientras iba cayendo por el desgaste de sus años, vió por primera vez, el árbol entero, estaba segura que viviría mucho tiempo, tan solo elgió otro lugar y saber que había sido parte de esa vida, la llenó de orgullo.-
Luego de una breve caminata por el jardín de la residencial, volvió a su posición, sentada comodamente en el sofá, inclinó su cabecita, le dí de nuevo un beso en la frente y lentamente cerró sus ojitos tal vez imaginando que llegue de nuevo la primavera y ver nuevamente el brote de hojas nuevas, que habían sido parte de su vida.-


